Bajo la tormenta: Cuando el espectáculo de la noticia pone en riesgo la vida del periodista
Por Isabel Scotti Girardo | Periodista
En el ojo del temporal
Es una estampa habitual en la televisión uruguaya cada vez que el Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) emite una alerta naranja o roja. Mientras las autoridades le piden a la población que permanezca en sus hogares, evite salir y resguarde sus vehículos, la pantalla muestra todo lo contrario: un reportero parado en plena Rambla de Montevideo, resistiendo ráfagas de viento de más de 90 km/h o caminando con el agua a la cintura en medio de una calle anegada.
La premisa de "estar donde está la noticia" ha llevado a una delgada línea entre la cobertura informativa y la espectacularización del riesgo.
El peligro detrás del micrófono
Cubrir eventos meteorológicos extremos no está exento de contingencias graves:
Voladura de objetos: En medio de una turbonada, cualquier rama, chapa o cartel publicitario se convierte en un proyectil mortal.
Riesgo eléctrico: La presencia de cables de alta tensión caídos ocultos bajo el agua acumulada representa una amenaza invisible para el equipo técnico y el cronista.
Mensaje contradictorio a la audiencia: Si el mensaje institucional es la prevención y el resguardo, ver a un profesional exponiéndose en vivo desdibuja la gravedad de la advertencia meteorológica.
El vacío en los contratos y la trampa del "accidente laboral"
Más allá de lo que se ve en pantalla, existe un problema de fondo en la relación laboral. En la inmensa mayoría de los contratos de trabajo periodísticos, las coberturas de extremo peligro meteorológico jamás están tipificadas ni contempladas de forma específica. No existen cláusulas que regulen los límites de exposición ni protocolos que faculten al trabajador a negarse a salir a la calle en medio de un evento meteorológico severo sin temor a represalias.
Esta falta de marco regulatorio genera un escenario complejo ante cualquier desgracia: si un periodista o camarógrafo sufre lesiones graves o pierde la vida en medio de un temporal por estar transmitiendo en un lugar de alto riesgo, el hecho suele encubrirse y tramitarse bajo el rótulo genérico de "accidente laboral". De este modo, se diluye la responsabilidad editorial del medio que ordenó o incentivó la exposición innecesaria del trabajador, tratándolo como un mero imprevisto desafortunado y no como el resultado directo de una falta de prevención.
¿Falta de protocolos o búsqueda de rating?
En muchos medios uruguayos, la falta de protocolos claros de seguridad laboral para la cobertura de emergencias deja la decisión librada al criterio del propio periodista —muchas veces motivado por la presión del vivo— o a las exigencias del canal. A diferencia de otros países donde existen distancias mínimas de seguridad y equipamiento de protección obligatorio (cascos, chalecos reflectantes certificados, calzado aislado), a nivel local se suele apelar al voluntarismo del equipo de calle.
La búsqueda de la imagen impactante para captar la audiencia genera un debate ético inevitable: ¿aporta más valor informativo ver al periodista sufriendo las inclemencias del tiempo que mostrar los daños desde un lugar seguro?
Hacia un periodismo de riesgo responsable
Informar sobre el estado del tiempo y las consecuencias de las tormentas es un servicio público fundamental. Sin embargo, la integridad física de los trabajadores de la comunicación debe estar por encima del impacto visual.
La cobertura de desastres naturales requiere normativas laborales actualizadas, capacitación en prevención de riesgos, equipamiento adecuado y, sobre todo, un sentido común editorial que entienda que la noticia es la tormenta, no el peligro al que se expone el periodista.












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