Hurtan cables de ANTEL en tramo urbano: vecinos alertan sobre nuevo episodio
En una cuadra de la ciudad de Paysandú, más precisamente en la calle Larrañaga —entre Bulevar Artigas y Dr. Verocay—, los vecinos denunciaron el robo de varios tramos de cableado pertenecientes a ANTEL.
Según los residentes, al recorrer la cuadra durante la mañana del lunes observaron que algunos cables estaban cortados de forma abrupta, colgando entre los postes o tirados sobre la vereda, y que se habían extraído materiales sin que hasta ese momento se informara una reposición oficial ni intervención policial visible.
El material sustraído, aunque no pertenece a las líneas eléctricas de UTE, contiene cobre —lo que lo transforma en un blanco para el mercado ilegal de reciclaje. “El pichaje ya sabe lo que vale y cómo hacer para sacarlo rápido”, comentó un vecino de la zona.
Este hecho se enmarca en un contexto más amplio de hurtos que afectan las redes de telecomunicaciones en Uruguay. Por ejemplo, una investigación en Paysandú reveló una banda internacional que robaba cables de cobre de ANTEL, con más de 850 kg incautados.
Impactos y aspectos a considerar
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Más allá del robo de materiales, estos episodios provocan interrupciones en el servicio, quedan instalaciones en riesgo, y generan costos elevados para la empresa y para la comunidad.
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El valor del cobre en el mercado de chatarras impulsa este tipo de delitos.
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En la zona en cuestión, los vecinos reclaman una actuación más activa de las autoridades municipales, policiales y de ANTEL para prevenir futuros robos y transparentar los plazos de reposición del cableado.
Qué pueden hacer los vecinos
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Estar atentos al estado del cableado en postes o veredas de su cuadra: cables cortados, conexiones colgando o restos de metal son señales de alerta.
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Denunciar rápidamente al 911 o al canal de atención de ANTEL si encuentran instalaciones manipuldas o personas sospechosas.
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Colaborar con los equipos de fiscalización: tomar nota de horarios, vehículos extraños, bolsas o camiones de transporte de materiales que podrían estar vinculados.
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Difundir entre la comunidad el riesgo que comportan estos robos: no solo el valor del metal robado, sino la exposición a fallas de servicio o peligros de manipulación incorrecta de redes.
Este nuevo incidente en Paysandú vuelve a poner en evidencia que el robo de cables de telecomunicaciones —aun cuando no sea eléctrico— continúa siendo un problema real, con impacto técnico, económico y de seguridad. La coordinación entre empresa, Estado y ciudadanía resulta clave para hacer frente al fenómeno.









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