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Caso Camila: Las verdades del proceso, las fallas que expuso y el ejercicio de la empatía
Garita de control y acceso peatonal al pie de la cabecera. (Foto: Paysandú Online)

Caso Camila: Las verdades del proceso, las fallas que expuso y el ejercicio de la empatía


Por Isabel Scotti Girardo. Periodista

En los últimos días, nuestra comunidad ha atravesado momentos de profunda conmoción. El caso de Camila nos colocó a todos frente a un espejo cargado de incertidumbre, angustia y preguntas. Desde el primer instante, en Paysandú Online asumimos la responsabilidad de abordar esta situación con el compromiso que requiere nuestro oficio y, sobre todo, con la delicadeza que exige la vida de una persona.


Hoy, con la serenidad que da el avance del trabajo institucional, quiero compartir una reflexión. Una mirada desde adentro del periodismo, pero también desde el lugar de una vecina más que habita esta ciudad y siente sus dolores.


El rigor periodístico y los tiempos de la Justicia

Desde Paysandú Online estuvimos al tanto de los detalles internos del caso desde un primer momento. Sin embargo, optamos por un camino claro: el del manejo riguroso y el apego estricto a los protocolos policiales de investigación. Trabajamos dentro del marco ético que guía a todo nuestro equipo, entendiendo que informar no es ser los primeros a cualquier precio, sino cuidar la verdad y no entorpecer los caminos que conducen a ella.


A lo largo de este proceso, la Policía trabajó de manera sumamente hermética. Sin confirmarnos ni negarnos cada dato que recabábamos de manera independiente, nos orientó lo suficiente para no caer en inexactitudes o falsedades. En ese sentido, es justo destacar la celeridad y la enorme labor coordinada entre las fuerzas de seguridad de Uruguay y Argentina.


A la fecha, contamos con información precisa sobre cómo se desarrolla la investigación en la vecina orilla y los datos de la persona detenida. No obstante, nos ajustaremos al pedido de Fiscalía de respetar los tiempos de la investigación judicial, la cual se centra en este momento en territorio argentino. Las indagatorias continúan abiertas y no se descarta la participación —directa o indirecta— de más implicados. Respecto al hombre detenido, se trata de un ciudadano uruguayo con nacionalidad argentina, con residencia en el país vecino desde hace cuatro años, pero que residió y trabajó durante mucho tiempo aquí en Paysandú.


Aprovecho estas líneas para agradecer sinceramente a todos los medios y colegas que replicaron nuestra labor periodística. Hayan mencionado la fuente o no, confiaron en nuestro rigor profesional y en el trabajo serio de este equipo, algo que valoramos profundamente.


La contención y la prioridad de cuidar a una menor

De aquí en adelante, nuestro tratamiento continuará enfocado en el seguimiento de la causa judicial y en la estricta protección de la vulnerabilidad de la menor. Afortunadamente, se encuentra en buen estado de salud y está siendo contenida en Argentina por un equipo interdisciplinario.


Paralelamente, en nuestra ciudad ya se ha preparado una red de acompañamiento global para cuando se concrete su retorno, tanto para ella como para su entorno más cercano. Es esa la prioridad que debemos mantener como sociedad: su recuperación y su resguardo.


El cruce fronterizo: grietas de control que demandan respuestas

Uno de los puntos más impactantes de este caso fue la forma en que la menor logró cruzar hacia Argentina a través del Puente Internacional General Artigas. Tal como lo informamos en su momento, lo que más llamó la atención fue la inquietante simpleza del hecho.


La niña cruzó el puente sola: salió del baño, subió la escalinata peatonal e inició el recorrido a pie. Compartir este relato no es un mero detalle descriptivo; es necesario ilustrar la realidad para despejar teorías conspirativas que hablaban de traslados ocultos o mediante el uso de la fuerza. La realidad fue mucho más simple y por eso mismo, más preocupante.


Nadie vio nada. Y esto nos obliga a reflexionar sobre la seguridad en un cruce binacional que todos conocemos de memoria. Vemos una gran cantidad de cámaras de seguridad en el lugar, pero cabe preguntarnos: ¿esas cámaras funcionan?, ¿alguien las monitorea en tiempo real?


Sabemos que en los vehículos la revisión habitual se limita a bajar los vidrios y mostrar documentación. Pero hay un hecho no menor: en la esquina de la escalinata peatonal existe una garita donde debería haber personal de Prefectura apostado para controlar los accesos. Desde hace años, esa garita está desierta. Casi podría atreverme a decir que hoy no saben ni dónde está la llave.


Tuvo que ocurrir un hecho de esta magnitud y con semejante difusión mediática para que finalmente se inicien investigaciones internas en todas las áreas del puente y se comiencen a ajustar los controles de ambas administraciones. Esto refleja una conducta reiterada: a menudo convivimos con controles que son ignorados por las propias autoridades —como sucede habitualmente con el límite de equipaje de la declaración jurada—, donde los organismos llamados a hacer cumplir la ley miran para otro lado hasta que las consecuencias resultan inevitables.


Mirarnos hacia adentro: la urgencia de la empatía

Finalmente, quiero dejar de lado el análisis de los hechos para tocar una fibra más humana. Es momento de parar la mano con las agresiones y el juzgamiento desmedido hacia la familia. Nadie sabe realmente qué sucede puertas adentro de un hogar ante una tragedia o una desesperación semejante. Esto no constituye una defensa hacia nadie, sino un llamado urgente a la autocrítica.


Cada familia tiene su "modus operandi" y reacciona como quiere, pero sobre todo como puede. ¿Acaso alguno de nosotros se imagina atravesar una situación tan límite y actuar con absoluta serenidad? ¿Quién se sentaría a conversar con la prensa de manera tranquila, tomando un mate, como si nada pasara? Ante el horror y el pánico, nadie sabe con certeza cómo reaccionaría.


La Real Academia Española define la empatía como la «capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos». Es un don maravilloso que todos poseemos, pero que muchas veces olvidamos ejercitar.


Tomémonos aunque sea diez minutos al día para salir de la "zona de confort", como se dice habitualmente. Pensemos en qué punto de la vida nos encontramos, qué estamos haciendo bien, qué estamos haciendo mal y cómo nos vinculamos con nuestro entorno. Lo que para algunas personas o familias resulta normal y lógico, para otras no lo es. Cada casa es un mundo; cada hogar tiene su propia dinámica y sus propias posibilidades.


Ojalá este caso no solo se esclarezca plenamente en el plano judicial y personal, sino que también nos sirva como un punto de inflexión. Que nos enseñe a juzgar menos, a acompañar más y a usar la empatía para ser, día a día, mejores personas y una mejor comunidad.


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